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Queridos hermanos salvatorianos,

 

Estoy muy contento de saludarles desde nuestra Casa Madre en Roma, lugar donde nuestro venerable fundador, el P. Francisco María de la Cruz Jordan, vivió la mayor parte de su vida religiosa y desde donde envió los primeros misioneros a proclamar la Buena Noticia de Cristo Salvador entre los necesitados, los pobres y sufrientes. Desde este lugar les escribo para anunciarles que del 17 de enero al 08 de diciembre del 2015 celebraremos el Año Misionero Salvatoriano, en memoria del envío de los primeros/as misioneros/as al nordeste de India. Ahora les explico las razones y objetivos de la iniciativa de celebrar la misión salvatoriana en todas las naciones.

Desde los primeros meses de este servicio de autoridad en el generalato ha brotado en mi una inquietud que ha ido madurando en el diálogo con los miembros del generalato y sobretodo en los momentos de oración ante la tumba de nuestro Padre Fundador. Muchas veces me he preguntado: ¿Como hacer posible la revitalización de nuestra vida religiosa apostólica para que continúe siendo atractiva e invite a muchos a comprometerse con ella, que además llame la atención, seduzca y, sobre todo, para que unidos, lleguemos a ser testigos de la Salvación de Cristo en el mundo?

Hoy lo que nos pide la Iglesia es que seamos testimonio de un modo distinto de vivir y de actuar. El Papa Francisco está invitando a toda la Iglesia a regresar a lo esencial, a tomar en serio las exigencias fundamentales del seguimiento de Cristo. Particularmente para nosotros, religiosos salvatorianos, la centralidad de Cristo Salvador es la fuente de energía, la única vía y guía para representar en este mundo Su forma de vida. La belleza de nuestra vocación consiste en ser personas que van más allá del horizonte mundano. ¿Qué mensaje damos al mundo si nuestra vida está encerrada en una existencia de superficialidad y es incapaz de superar la tentación de “conformarnos a este mundo”(Rm. 12,2)? Ese no ha sido este el estilo de nuestro Padre Fundador,. Él ha sido un apóstol incansable y muy determinado para responder a su vocación de evangelizar. Desde mi percepción, el Padre Jordán tenía dos contenidos claves: espiritualidad profunda y ardor apostólico. Estos contenidos yo creo que deben ser también nuestro estilo salvatoriano si queremos que todos amen, conozcan y sirvan a Jesús Salvador.

Todos sabemos que desde los inicios, la misión ha sido una dimensión fundamental de nuestra Sociedad. El P. Francisco Jordan, al poco tiempo de haber recibido la aprobación de su obra apostólica a nivel diocesano en 1889, recibió también la petición que le hacía la Congregación para la Propagación de la Fe, de que los salvatorianos se ocupasen del inmenso territorio misionero en Assam, nordeste de India. Este lugar era una zona donde la Iglesia y el anuncio del Evangelio no habían llegado hasta ese momento. En razón de los grandes desafíos de evangelizar en esta región, algunas Congregaciones religiosas ya habían rechazado esta misma invitación.

El P. Francisco Jordán, encendido de celo misionero y apoyado por sus compañeros, aceptó el encargo pastoral de ir más allá de los confines de Italia. El 17 de enero de 1890 partió el primer grupo misionero salvatoriano desde Roma hacia al continente asiático. Por lo tanto, esta fecha es importante para nosotros, porque señala aquel inicio de expansión del espíritu misionero del P. Jordán, de llegar a todos los pueblos. Hoy los salvatorianos estamos presentes en 39 países.

Sin embargo el primero obstáculo que se encontró, fue el duro golpe de la muerte repentina del misionero P. Otto Hopfenmüller. Pero el P. Francisco Jordán no se dejó derribar. Imitando la actitud del sembrador, continuó sembrando semillas en el campo de la misión. Por lo tanto, no tardó en convocar a otro grupo de hermanas, padres y un hermano que partieron el 12 de diciembre de aquel mismo año para proclamar los valores del Evangelio de Cristo Salvador.

Algunos años después, en el año de 1915, las consecuencias traídas por la Guerra Mundial en Europa, causaran huellas de gran sufrimiento al P. Fundador. Una de ellas seguramente fue la salida forzada de todos los salvatorianos y salvatorianas del territorio de India. Un golpe tan duro que solo muchas décadas después los salvatorianos lograron organizar su retorno a este territorio de misión. Esto aconteció en el año de 1989 con el regreso de los salvatorianos a India, para retomar su apostolado y su servicio a Iglesia local con gran vigor y fecundidad. A pesar de todas esas dificultades, la calidad del apostolado salvatoriano realizado tantos años atrás, se pude ver hoy, ya que existen 16 Diócesis que forman la Iglesia en el nordeste de India, donde más del 40% de la población confiesa la fe cristiana, en un país cuya mayoría profesa la religión hindú.

Este breve relato nos hace notario que en el próximo año, nosotros estaremos celebrando el 125 aniversario del envío de los primeros misioneros/as al nordeste de India, como también, el aniversario de la muerte del P. Otto Hopfenmüller. Se celebra también el 25 aniversario del reinicio de la misión salvatoriana en India. Son estos acontecimientos tan importantes que los nos llevaran a anunciar el año del 2015 como el Año Misionero Salvatoriano, con el siguiente lema: “la misión del Salvador es nuestra pasión.”

Estoy convencido que esta iniciativa espiritual, personal, comunitaria y congregacional será un tiempo de gracia para todos los miembros de nuestra familia de religiosos y laicos salvatorianos. Al mismo tiempo tenemos la propuesta del Papa Francisco, de celebrar el Año de la Vida Consagrada, desde el primer domingo de Adviento del 2014 hasta el 02 de febrero del 2016. Creo que tenemos aquí una ocasión casi única de resituar nuestra vocación dando un testimonio auténtico de nuestro seguimiento al Salvador, en las diferentes formas que se desarrollan en nuestra vida. Quizá esto sea para nosotros la confirmación de que misión y consagración tienen que ir de la mano en la vida de todo salvatoriano.

Apoyados por el equipo que se encarga de la promoción de la veneración de nuestro Fundador y del Secretariado General de las Misiones, el Año Misionero Salvatoriano se propone los siguientes objetivos: En primer lugar agradecer al Salvador por la historia de misión y de unidad de la Familia Salvatoriana. En segundo lugar recordar con grata memoria a los primeros religiosos y religiosas salvatorianos que comprendieron la profundidad del carisma misionero del P. Francisco Jordán. Y por último, reavivar a nivel personal y comunitario, el ardor misionero típico de nuestra identidad salvatoriana en la Iglesia y en el mundo.

Naturalmente que esta interpelación está dirigida a todos, pero quiero de modo particular dirigirme a nuestros cohermanos jóvenes. ¡Ojalá ustedes se atrevan a pensar y se sientan invitados por el Señor a ir a los más necesitados, a los vulnerables y marginados para llevarles un mensaje de gran alegría y esperanza en todas aquellas realidades marcadas por la pobreza, que se manifiesta de tantas maneras en la vida, a nivel material, espiritual, humano, o sencillamente en los valores que se manejan! No tengan miedo de dar pasos en dirección de la misión y de ser auténticos instrumentos de salvación.

Finalizo esta carta anunciando que en nuestra pagina web (www.sds.org) hay un link sobre el Año misionero salvatoriano, en el cual ustedes encontrarán documentos sobre el tema, oraciones, fotografías, actividades y celebraciones misioneras. Pido a todos que ayuden a divulgar estos materiales elaborados en vista de este evento misionero. Es mi profundo deseo que el Año misionero Salvatoriano no se convierta solo en una “serie de iniciativas externas”, sino que sea también un acontecimiento interior, como una llamada vocacional para todos a pensar cómo volver a las Fuentes, a la centralidad de Cristo y al impulso misionero del corazón apostólico de Francisco Jordán. La misión Salvatoriana no es sólo un fundamento que se colocó en el pasado y que se puede olvidar a lo largo del tiempo. Como he dicho anteriormente la misión es el centro, el corazón, que se mantiene vivo, se alimenta y se profundiza a través del quehacer diario en la vida de tantos Salvatorianos y Salvatorianas hoy.

Desde ahora les agradezco por todas las cosas bellas que ustedes harán para celebrar estos acontecimientos salvatorianos, haciendo vivo el carisma de Jordán en sus vidas y difundiéndolo en las diferentes culturas. Les aseguro mi oración al invocar el Espíritu Santo para que los inspire, guie y ilumine. No tengan miedo de decir con gran intensidad a todos y en todas partes que “la misión del Salvador es nuestra pasión.”

P. Milton Zonta, SDS - Superior General
P. Agustín Van Baelen, SDS - Secretario General de Misiones
Roma, el 16 de Junio de 2014; 166 aniversario del nacimiento de P. Francisco Jordan

Franciscus Jordan

N

inguna traición, ninguna infidelidad, Ninguna frialdad ni burla apaguen tu celo.

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